Considerar la diversidad en el ámbito de la educación supone adoptar una forma diferente en el modo en que las diferencias individuales, culturales y sociales del alumnado deben ser tenidas en cuenta. Esta idea que parece obvia necesita ser analizada porque, frecuentemente, las implicaciones de considerar las diferencias desde el concepto de diversidad se han traducido a normas de carácter técnico-pedagógico para la práctica educativa, más que en los cambios consecuentes a reconsideraciones desde el punto de vista ético y político. Este análisis supone una revisión de como han sido tratadas éstas diferencias dentro de las escuelas, cómo se han reducido a las diferencias individuales, entendiendo éstas siempre asociadas a la capacidad y el esfuerzo de los alumnos y alumnas para adaptarse al sistema educativo.
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