José Antonio Ballent Urrutia lleva 53 años ¿desde los 14¿ caminando con sus ovejas por una ruta inmemorial: de los Pirineos a las Bardenas en setiembre, de las Bardenas a los Pirineos en mayo. Este ciclo trashumante se repite probablemente desde tiempos prehistóricos, consta en documentos romanos y gana reconocimiento oficial en la Edad Media (cuando en 882 el rey de Navarra concede a los pastores roncaleses el derecho de herbajear y construir corrales y cabañas en las Bardenas). Ahora, cada vez más, las ovejas se quedan todo el año en las corralizas de la Ribera en lugar de subir a la montaña. Los pastores más pesimistas auguran que dentro de diez años nadie recorrerá las cañadas. Y el propio José Antonio, con dos prótesis en las rodillas, dice que ya no le quedan muchos viajes. Pero todavía se juntan cien mil ovejas en las Bardenas y todavía quedan motivos para que cuide su rebaño todos los días: ¿Tengo que ayudar a mi hijo, que le ha cogido gusto al oficio¿.
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