Los militares israelíes comparten con sus colegas estadounidenses la afición lírica a la hora de poner nombre a sus operaciones bélicas, con marcada preferencia por las metáforas de tipo meteorológico. Quizá porque lo meteorológico transmite la idea de lo inevitable, algo que ocurre al margen de designios, intereses o estrategias políticas, como una "tormenta en el desierto", la que se abatió sobre Iraq, o las "lluvias de verano", que suenan a algo más suave y casi benéfico, que han dado nombre a la devastadora operación militar que a principios de verano empezó a caer sobre Gaza.
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