Para el autor de este artículo, la literatura infantil ¿de siempre¿, la de príncipes, hadas, brujas y dragones no debería caer en el olvido, arrinconada por otros géneros actuales. Defiende que los buenos clásicos aportan enseñanzas esenciales a los llectores más jóvenes y que ¿al contrario de lo que con frecuencia sucede hoy, esos cuentos no hablan a los niños demasiado pronto de lo que deberían conocer más tarde y no callan sobre aquello que nunca se debe ocultar. No asustan a los niños con aquello a lo que no hay que temer y no los engañan con esperanzas sin fundamento¿.
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