HACIA UN NUEVO PARADIGMA DE LA JUSTICIA PARA TRANSFORMAR A LAS SOCIEDADES HUMANAS EN REALIDADES MENOS ASIMÉTRICAS.
¿Cómo seguir conservando un modelo de justicia que no se hace realidad tangible en las sociedades humanas que se debaten en la miseria y en la desesperación? ¿Qué hacer? ¿Será posible construir un paradigma de la Justicia que aminore la pobreza e indigencia de más del 70% de la población mundial? Rafael SÁNCHEZ VÁZQUEZ.* SUMARIO: I. Presentación. II. Descripción y análisis de algunas reflexiones acerca de la justicia. III. Consideraciones sobre las asimetrías que se viven en el mundo. IV. ¿Qué camino seguir para lograr un nuevo paradigma de la justicia que gire en y para beneficio de los pobres e indigentes? V. Reflexiones Finales.
I. PRESENTACIÓN.
Han pasado muchos años desde la época en que el ser humano moraba en las cavernas para luego transitar a las modernas instalaciones que hoy día nos cobijan.
Ahora bien, dicho proceso se ha dado en poco más de cinco milenios de cultura y de civilización [1].
* Doctor y Maestro en Derecho por la UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel III. Profesor Investigador del Postgrado de la Facultad de Derecho y C. S. de la BUAP.
[1] Véase: SAGAN Carl, Un punto azul pálido., Una visión del futuro humano en el espacio. Trad. Marina Widmer Caminal; Ed. Planeta, 3ª ed. Barcelona, España, 2000. pp. X, XII, XIV, y 9.
La tierra es nuestro hogar, lugar donde habita la gente que conocemos, o de la que hemos oído hablar, y la que queremos. En ella convive nuestra alegría y sufrimiento, a través de diferentes expresiones: religiones, ideologías, doctrinas económicas, héroes y cobardes, creadores y destructores de civilizaciones, reyes y campesinos, madre y padre, esperanzadores, inventores y explotadores, profesores de ética, políticos corruptos, superstars, líderes supremos, santos y pecadores de toda la historia de nuestra especie han vivido ahí... sobre una mota de polvo suspendida en un haz de luz solar.
Desde el momento en que surgimos, hace unos cuantos millones de años en el este de África, hemos ido forjando nuestro camino a través del planeta. Hoy hay gente en todos los continentes, en la isla más remota, de Polo a Polo, desde el Everest hasta el mar Muerto, en las profundidades del océano e incluso, ocasionalmente, puede haber humanos acampados a trescientos kilómetros cielo arriba, como los dioses en la antigüedad.
La Tierra constituye sólo una pequeña fase en medio de la vasta arena cósmica. Pensemos en los ríos de sangre derramada por tantos generales y emperadores con el único fin de convertirse, tras alcanzar el triunfo y la gloria, en dueños momentáneos de una fracción del puntito. Pensemos en las interminables crueldades infligidas por los habitantes de un rincón de ese píxel a los moradores de algún rincón, en tantos malentendidos, en la avidez por matarse unos a otros, en el fervor de sus odios.
La Tierra es el único mundo hasta hoy conocido que alberga vida. No existe otro lugar donde pueda emigrar nuestra especie, al menos en un futuro próximo. Si es posible visitar otros mundos, pero no lo es establecernos en ellos. Nos guste o no, la Tierra es por el momento nuestro único hábitat.
En mi opinión, subraya nuestra responsabilidad en cuanto a que debemos tratarnos mejor unos a otros, y preservar y amar nuestro punto azul pálido, el único hogar que conocemos.
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