Jean Améry destaca como una figura realmente singular dentro del conjunto de supervivientes de la Shoá que han legado sus testimonios de la catástrofe. Ejemplifica, a través de su propia persona y su escritura, un ethos inflexible de humanismo militante. Su obra está tocada por la memoria y la denuncia, la reflexión y el compromiso, desde un distanciamiento que mantendrá como rasgo propio inalterable. La peculiaridad de Améry puede expresarse como la problemática existencial de un intelectual que reflexiona implicando al extremo su conciencia y su memoria, exigente hasta la intransigencia para consigo mismo y los demás. Un intelectual que reflexiona como "víctima de la violencia" sin olvidar la exigencia de identificación de los «verdugos», desde un peculiar y conflictivo ethos del resentimiento.
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