A partir de estadísticas y de diálogos con líderes y militantes y con personas analfabetas que nunca habían sido tenidas en cuenta, se revisan varios aspectos de los comicios de la Segunda República. Se introducen variables como la densidad del hábitat y el analfabetismo porque diseñan fronteras interiores y ofrecen una visión política y social inédita. Como resultado se descubre, entre otras cosas, que la burguesía conservadora agrupada en torno a la Lliga sin poder comprar los votos era la que propiciaba la abstención de los obreros, y que la pequeña burguesía liderada por Esquerra Republicana de Catalunya no promovió un partido de clase que hubiera consolidado su pacto con el proletariado y quizá evitado la guerra civil. Por otra parte, al comparar las elecciones de 1936 con las celebradas después de la dictadura en 1977 se comprueba que ni el crecimiento de la clase media ni la influencia de la televisión borraron actitudes o memorias lo que evidencia la sensatez del electorado catalán. A pesar de los cuarenta años transcurridos y de la insistente propaganda franquista se ha mantenido la distribución espacial de las dos grandes tendencias políticas, sin duda porque la implantación de las clases sociales no cambió en Barcelona de manera radical
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