Hay una presencia real o significativa que atraviesa las Rimas de Bécquer. Se trata de lo permanente que funda la poesía, de una claridad significativa de lo divino que se gesta en el movimiento creador. Éste se enraíza en el anhelo de infinitud que el poeta tiende de lo finito a lo infinito y al que conquista una significación que sobrevive en la poesía. De este modo no sólo hay una presencia en el acto del arte sino también en su recepción, en la vivencia de la forma significativa.
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