La aparición del reformismo social en España y el desarrollo de la legislación social, en particular las leyes de accidentes, delimitaron nuevas parcelas de actuación médica a la vez que implicaron la renuncia a la intervención ambiental tradicionalmente reclamada por los higienistas. La asistencia a los accidentados, el peritaje, la reeducación de inválidos y la práctica de reconocimientos médicos a obreros constituyeron las prácticas principales de la «medicina de accidentes», primera concreción de la nueva especialidad. Ésta fue ampliándose mediante el recurso a las ciencias experimentales, a la psicología (organización científica del trabajo) y al enfoque médico-social.
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