Erigida sobre siete colinas, Lisboa dibuja una montaña rusa que obliga a continuas subidas y bajadas para conocerla y amarla. Hay que aprovisionarse de agua, energía y buen ánimo para transitar por las estrechas callejuelas de los barrios árabes, ascender al Castelao de São Jorge o recorrer los bares y tiendas del Bairro Alto. A un euro el trayecto, autobuses urbanos y tranvías alcanzan lugares imposibles que facilitan el recorrido a quienes no quieren desgastar mucha suela. Pero llegar arriba siempre merece la pena para observar la ciudad desde uno de los muchos miradouros que ofrecen bellas vistas del puerto, el casco viejo o la Lisboa más urbana.
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