La violencia contra las mujeres se presenta como una agresión a los derechos Humanos, cuya expresión práctica y objetiva es el trato indigno, conducta supone una doble acción: la continuidad propia del trato y el ataque a la dignidad como valor superior de la persona, lo cual conlleva que previamente se le haya restado significado como derecho fundamental. Desde la Revolución Francesa hasta 1948 con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, lo masculino era todo, incluso en la forma. Tuvieron que pasar dos años llenos de importantes esfuerzos con Eleonor Roosevelt a la cabeza, para que se denominara Declaración de los Derechos Humanos. Sin embargo el cambio, aunque importante, solo fue superficial y aún hoy no ha llegado a las raíces de los valores construidos sobre elementos patriarcales. Valores como la dignidad, la justicia, la libertad¿ tienen una representación práctica en elementos como el honor, el compromiso, la renuncia, la reputación¿marcados por el cromosoma Y cultural, que más que un ¿y¿ esperanzador, se convierte en un ¿y nada más¿.
Gender violence is regarded as a contravention of human rights, the most usual expression of which is degrading treatment, which in turn involves a double action: the continuity of this treatment and the attack against dignity as a higher value, which means that it has previously been relegated from the condition of a basic right. From the French Revolution to the Universal Declaration of the Rights of Man, all attempts to establish and improve personal rights were made from a masculine point of view, even in questions of form. It took two years of hard work and campaigning with Eleanor Roosevelt at the head, to change the wording to the Declaration of Human Rights. This modification, however, although important, was only superficial, and even today, words such as dignity, justice, freedom, honour, reputation or commitment are tinged with a culturally-based masculine meaning.
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