Las investigaciones de la fenomenología de la imaginación esclarecen la distinción kantiana entre belleza libre y dependiente. La imaginación estética fluye libremente, el entendimiento fija en conceptos. El juego libre entre imaginación y entendimiento produce un equilibrio inestable entre la inquietud de la imaginación y el reposo del entendimiento. El sentido común permite que ese juego sea comunicado. Según nuestra hipótesis la belleza libre es libre también del sentido común. Su sede no es la esfera pública y la comunicación, sino la esfera privada de la imaginación pura. En ella encontramos la auténtica autonomía estética
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