¿Por qué, a pesar de repetir en infinidad de ocasiones que "una imagen vale más que mil palabras", no somos coherentes y necesitamos demostrar en la práctica que una imagen sin mil palabras ("mías") noes nada...? ¿Por qué hemos de finalizar muchas clases participadas y disfrutadas por los alumnos con una " moraleja" a modo de cierre magisterial imprescindible? ¿Por qué infravaloramos la enseñanza que nuestros alum-nos reciben de experiencias directas y gratificantes? ¿Poseen acaso los maestros "unos botones automáticos" con los que "abrir" o "cerrar" satisfactoriamente sus clases? Éstos, y otros interrogantes cuestionadores y prácticos son los planteados por la profesora Szlifman en este artículo.
Why, in spite of repeating the sentence on numerous occasions, "Animage is worth more than a thousand words" aren ́t we coherent, andneed to demonstrate in practice that an image without a thousand words ("mine") is nothing? Why do we have to finish many shared and enjoyedclasses with a "moral" as a way of an indispensable magisterial ending? Why do we underestimate the teaching of direct and gratifying experiences that our students receive? Do teachers perhaps have "automatic buttons" with which "to begin" or "to end" satisfactorily their classes? Theseand other interrogative questions and practices are considered by MsSzlifman in this article.
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