Comúnmente se considera que hay un desajuste notable entre los cambios políticos y los urbanos en el México decimonónico, de modo que la estructura y las características morfológicas de la ciudad colonial se prolongan a lo largo del siglo XIX y sólo se modifican de un modo claro en el último cuarto de la centuria. Aquí se plantea la organización interna de la ciudad tapatía antes de los grandes cambios finiseculares. Se busca complementar una fuente fiscal como el Catastro de 1889 con la información notarial obtenida en el Archivo de Instrumentos Públicos de Jalisco. Del Catastro resulta una clara concentración de los mayores precios en torno al centro comercial y una caída brusca de la valoración en los bordes de la aglomeración. Los datos notariales proporcionan una muestra de los niveles de riqueza de la propiedad urbana
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