La tardanza en detectarse la presencia de la filoxera en La Rioja (Sajazarra 1899), es decir, 34 años después de localizarse en Francia (Orange 1865), y 21 años de la aparición en España (Málaga 1878), permitió aprovechar la gran experiencia que se había adquirido para la reconstitución del viñedo en toda Europa en general y en las numerosas regiones españolas, en las que la filoxera había invadido sus viñedos con anterioridad a La Rioja. La primera dificultad que se presentó en Europa al aparecer los primeros daños en el viñedo fue identificar su origen; es decir, que el causante de la muerte de las viñas era un insecto. El siguiente problema fue encontrar un sistema práctico de lucha para toda clase de suelos y climatología. Cuando apareció en La Rioja, el único sistema de defensa, racional y viable, era la utilización de patrones o portainjertos resistentes al insecto con posterior injertación en taller de las estacas por los viveristas, o de los barbados en el campo por el viticultor.
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