En este artículo se señala que la ética aristotélica tiene básicamente tres fundamentos (intuicionismo, moral social y eudemonismo); que, aunque Aristóteles se sirve de estos fundamentos avanzando desde el primero hasta el último, es incoherente en diversas ocasiones con el uso que hace de ellos; que tales fundamentos son incompatibles entre sí; que el determinismo aristotélico es igualmente incompatible con una valoración moral absoluta de las acciones; que, sin embargo, las categorías morales juegan un importante valor social en cuanto condicionan y orientan la conducta; y que el eudemonismo aristotélico guarda una total similitud con el sentido de los imperativos hipotéticos kantianos
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