Internet no es simplemente un conjunto de enlaces interconectados y de protocolos de comunicación. Es también una construcción de la imaginación, una prueba "de la mancha de tinta" en la que cada uno proyecta sus deseos, temores y fantasías. Algunos ven ahí ilustración y educación. Otros ven pornograña y ludopatías. Otros ven correo basura (spam, en inglés) y virus electrónicos. Sin embargo, cuando se trata del impacto de Internet en el proceso democrático, la respuesta parece ser unánime: Internet es bueno para la democracia. Crea ciudadanos digitales activos en la teledemocracia [1] de la República Electrónica [2] en la nación virtual [3]. Pero esta burbuja debe ser, también, pinchada.
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