Es por lo menos una situación paradojal el que las sociedades meritocráticas, obsesionadas por la justa medida de las capacidades, que han hecho de la docimología su ley fundamental y de la verdad y la equidad sus ideales, se hayan dado, por espacio universal de sus confrontaciones, un deporte que deja un campo tan vasto al error y a la injusticia. En principio, las disciplinas atléticas, donde la aplicación de la regla no se presta a discusión y donde los resultados son incontestables, parecerían ser más conformes al quehacer contemporáneo. ¿Qué significan entonces esas desviaciones, esa contradicción a los principios que parecen regir nuestro mundo? Las reacciones de los jugadores y los espectadores frente al error o la falta entregan un primer esclarecimiento sobre el sentido de esta paradoja.
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