Con frecuencia entramos en discusiones acerca de lo que diferencia a laicos, sacerdotes y religiosos, discusión y a veces desenfocadas porque se parte de lo diferente. La autora de este artículo, profesora de Teología de la Universidad Iberoamericana de México, propone un enfoque distinto al tema: partir de lo común a cualquier bautizado, es decir, partir de la vocación de todo creyente, lo básico y fundamental para todos. Sólo desde ahí se podrá entender lo específico (no “lo diferente”) del sacerdocio y de la vida religiosa. Teniendo en cuenta que todos en la Iglesia estamos llamados al amor y al servicio, no al poder y al honor.
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