El tratado de Amsterdam no reconoce, desgraciadamente, la existencia de una "política energética común". Las consecuencias de esta comisión voluntaria pueden frenar algunas iniciativas importantes, pero no están impidiendo que la unión europea se este dotando de los instrumentos necesarios para atender a los tres grandes objetivos de la energía: una mayor competitividad, una mejor garantía de abastecimiento y una relación cada día mas estrecha entre la energía y el medio ambiente.
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