Si la vida de Franz Kafka quedaba definida por un cuadrado, en John Cheever se dibujó un triángulo: por un lado, la familia, por otro, la depresión, la lujuria y el alcoholismo, para finalmente llegar al anhelo del equilibrio. Lados opuestos que marcarán el hilo conductor de sus Diarios (Emecé, 2004). Un drama de impulsos, cuya canalización se mira en su arte, en su escritura.
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