Objetivos terapéuticos. Ante una situación de shock debemos comenzar el tratamiento inmediatamente, de forma paralela a la aproximación diagnóstica y a la monitorización. En cualquiera de los tipos de shock, el primer paso a realizar es el aporte de fluidos intravenosos para conseguir la corrección del volumen circulante.
Shock hemorrágico. En el shock hemorrágico es fundamental el control del foco de sangrado, mediante cirugía o embolización, según los casos, así como la corrección de la coagulopatía acompañante.
Shock cardiogénico. En el shock cardiogénico secundario a infarto agudo de miocardio, además de estabilizar la tensión arterial y corregir la hipoxemia, es prioritario conseguir la repermeabilización de la arteria coronaria responsable; asimismo, se deben descartar complicaciones mecánicas susceptibles de corrección quirúrgica.
Shock séptico. En los pacientes con shock séptico se debe realizar una adecuada toma de muestras para cultivo en el laboratorio de Microbiología e inmediatamente comenzar con antibioterapia empírica de amplio espectro y búsqueda y drenaje del foco origen de la infección. Se recomienda la administración de esteroides intravenosos en los pacientes con shock séptico que, a pesar de aporte adecuado de fluidos, requieren tratamiento con vasopresores para poder mantener la tensión arterial.
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