Ninguna actividad laboral está exenta de riesgos, pero eso no significa que esos riesgos sean inevitables. Aspectos como la limpieza, la buena ventilación o la correcta iluminación del lugar resultan a veces tan obvios que no nos molestamos en prestarles la atención que merecen. Por eso, de vez en cuando, sólo hace falta recurrir al sentido común para acordarse de que no se deben dejar las herramientas desperdigadas por el suelo, ni utilizar una llave inglesa para dar golpes a modo de martillo. Las cosas más básicas y "tontas" son las más fáciles de prevenir, pero suelen ser la causa de la mayoría de los accidentes.
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