Decir "afecto" no es decir bobería, ni dulcificación infantiloide, ni es decir inocencia. Decir afecto puede ser dulce, o amargo. Puede ser débil, o fuerte. Puede hablar de amor, o de envidia.
Decir "afecto" es hablar de uno mismo en relación con el propio mundo interno: deseos, miedos, añoranzas, sueños..., O en relación con el mundo exterior: cariños, dudas, ataques, bromas, soledádes, compañías...
Decir "afecto" es hablar de vivir implicado, completo, de dejarse invadir por lo que nos rodea, y dejarse recorrer por las emociones, por los sentimientos, por los demás y por uno mismo.
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