El género Trichoderma incluye un gran número de especies y cepas reconocidas como agentes de biocontrol (BCAs). El uso de este género para el control de las enfermedades de las plantas es una alternativa muy prometedora al uso de compuestos químicos. La utilización de especies y cepas de Trichoderma como antagonistas de diferentes hongos está ampliamente referenciada (STIRMANOVA, 1994; BRUCE et al., 1995; JIJAKLY y LEPOIVRE, 1995; LATORRE et al., 1997; THRANE et al., 1997; BARI et al., 2000; BUNKER y MATHUR, 2001; SANTAMARINA et al., 2002, ROSELLÓ, 2003). Diversas especies de este género se utilizan para el tratamiento de semillas (HARMAN et al., 1989; SANDOVAL et al., 1994; DAS y HAZAKIRA, 2000; SAMANIEGO y GÁMEZ, 2000) e incluso contra hongos que causan la degradación de la madera (CANESSA y MORELL, 1996). Además las cepas más importantes reconocidas y utilizadas como BCAs pertenecen a las especies T. virens, T. Viride y sobretodo a T. harzianum. Excelentes resultados de control biológico y control integrado se han obtenido principalmente contra Rhizoctonia, Verticillium, Pythium, Sclerotinia y Botrytis en cultivos de algodón, patata, tabaco, etc. (BENÍTEZ et al., 2004).
La capacidad de las cepas de Trichoderma como BCAs se debe a su elevada capacidad reproductiva, habilidad de sobrevivir bajo condiciones desfavorables, eficiencia en la utilización de nutrientes, capacidad de modificar la rizosfera, fuerte agresividad frente a hongos fitopatógenos, y elevada eficiencia en la promoción del crecimiento de las plantas y estimulación de los mecanismos de defensa de las mismas. Estas propiedades hacen de Trichoderma un género muy ubicuo presente en la mayoría de los habitats, con altas densidades de población, y que es más eficiente en suelos ácidos que en suelos alcalinos.
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