Tradicionalmente, la historiografía ha considerado a los visigodos como un pueblo con identidad nacional plenamente constituida a su entrada en el Imperio Romano (376), y como los creadores de un Estado hispánico de esencia germánica. Sin embargo, los visigodos, como otros pueblos bárbaros que penetraron en el territorio imperial en los siglos IV y V d. C., carecían de tal unidad y estaban muy condicionados por la influencia política y cultural de la civilización romana. En ese sentido, la importancia de la romanidad es el elemento preeminente en el nacimiento de los nuevos Estados de Europa occidental a principios de la Edad Media.
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