El aprendizaje de la lectoescritura requiere ir más allá de la realización de meros ejercicios. Se trata de conseguir que la capacidad reflexiva del niño esté al servicio de lo que su mano realiza. ¿Cómo? A partir de su realidad: su nombre, lo que le sucede, lo que quiere compartir con su familia... Así descubre el valor y la funcionalidad de leer y escribir.
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