El siglo XIX proveyó a "sus" mujeres de una imagen ideal en la que mirarse y construirse. Gertrudis Gómez de Avellaneda, como mujer y como escritora de este tiempo, habría de cuestionar dicho legado, y para ello utilizaría su Diario, pero también sus novelas románticas. Sab, Dolores y Espatolino constituyen tres ejemplos de este proceso, donde la locura, la melancolía y el convento se presentan como destinos de mujer que esconden un decir y un vivir alternativos.
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