En este ensayo me centro básicamente en lo que denomino procesos de personalización, para ello reordeno el sentido social de la dicotomía ilustrada individuo / sociedad. La historia no puede ser narrada en tercera persona. Desaparece la distancia que necesita el antropólogo para conocer, para racionalizar, así como el respeto hacia un otro situado más allá, en la representación. El escenario y quienes lo animan no son los referentes que guían estos itinerarios consumistas, sino parte de un espectáculo que tiene como centro al cliente. El cliente es el protagonista, convirtiéndose en constructor y referente de un mundo construido a su medida. Quizás sorprenda el cuestionamiento implícito de los no lugares popularizados por Marc Augé. Frente a lo que considero que no es más que un salto hacia adelante de planteamientos ilustrados, sitúo mi centro de interés en un consumo vivencial, en donde es el consumo mismo, como motor y morfología de itinerarios fundamentados en la instantaneidad y la no continuidad, quien mejor sirve de metáfora de este experimentar. No hay ritualización predefinida y desaparece el significado que el mito, como condensador de sentido y finalidad, podía conferirle al movimiento. ¡La mano invisible una vez más! Éste es el hilo de Ariadna del que hay que tirar para llegar a alguna parte.
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