Este artículo analiza el carácter del Estado liberal mexicano durante su periodo formativo al estudiar las interpretaciones, reacciones y políticas que tuvo ante las insurrecciones armadas de campesinos y grupos étnicos. Considera las raíces complejas y multifactoriales de los levantamientos sociales durante la República restaurada (1867-1876). Después de una somera reseña de los ochos principales, explora las ideas, percepciones y razonamientos -una mezcla de temor y desprecio- con que se juzgó a comuneros, indígenas, itinerantes y, sobre todo, a los rebeldes para considerar las principales reglas de la dominación, tanto las de carácter relativamente velado, como las alianzas entre el poder económico y el político, y la que sin duda constituyó la respuesta central frente a las explosiones sociales: la militar. Este arículo muestra la profundidad del descontento, de la efervescencia y de la violencia ejercida por los grupos más pobres del campo así como la respuesta sistemáticamente represiva por parte del Estado nacional, hecho en el cual la historiografía no había reparado de manera suficiente.
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