El golpe militar del 18 de julio de 1936 fue algo más que un simple pronunciamiento al estilo de los que habían abundado tanto durante nuestro siglo XIX. Fue, por contra, la reacción de unas elites atemorizadas por el avance imparable de las fuerzas políticas y sociales de izquierda en la sociedad española. La tesis sustentada en este artículo ha sido que esa reacción de las elites se produjo tras el fracaso de la vía "posibilista" seguida por las fuerzas conservadoras en los años de entreguerras, tanto en el terreno político (participación en las elecciones y en las instituciones) como en el social (acción social y benéfica dirigida por la Iglesia católica). En la ciudad de Zaragoza, al igual que en el resto de España, el golpe militar fue, por tanto, el último recurso y, a la postre, el más violento y represivo, de las elites políticas y sociales para conservar su dominación y hegemonía en la convulsa sociedad española de entreguerras
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