El problema de la relación entre la jerarquía del consumo y la estratificación de la sociedad -tal y como fue planteado por algunos clásicos del pensamiento social- constituye el punto de partida de este artículo. A finales del Antiguo Régimen las casas de la "primera nobleza" de la corte portuguesa se enfrentaban, tanto en la construcción de sus palacios como en la disponibilidad para gastos habituales, con competidores de peso, en especial con los grandes financieros de la monarquía, con quienes, por otra parte, no aceptaban alianzas matrimoniales. El análisis de los gastos comunes de las casas de los Grandes revela que mantenían una singularidad indiscutible; se caracterizaban tanto por el limitadísimo nivel de sus inversiones como por el hecho de que destinaban más de la mitad de éstas a pagar los gastos ocasionados por la cocina, los criados y la caballeriza. En el mantenimiento de las "casas grandes" podemos encontrar la marca irreductible de la diferencia y, a la vez, un componente fundamental del "ethos" nobiliárquico portugués en una época en la que eran ya otras las tendencias que marcaban la pauta del consumo entre la nobleza europea.
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