En el siglo XV los puertos españoles desarrollan una gran actividad comercial y pesquera. Los transportes de la lana castellana y del hierro vizcaíno surcan el Atlántico y el Mediterráneo, y la pesca se extiende desde los bancos del Atlántico Norte hasta los bancos canarios y saharianos. En varios puertos, Motrico, Bermeo, Gijón, Barcelona, etc., empiezan a aparecer espigones de fábrica y dársenas interiores para mejorar la seguridad del tráfico marítimo y facilitar la carga y descarga de mercancías.
Junto a la tradicional galera mediterránea, la nao y la carabela, enriquecen la tipología naval, que este siglo alcanza una de las realizaciones definitiva de la navegación a vela, el barco de tres palos.
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