De los muchos artistas que trabajan en Nueva España en el siglo XVIII, Miguel Cabrera es uno de los más sobresalientes, pues, aparte de ser un prolífico pintor, cultivó con éxito el retablo y el diseño de otros bienes muebles, por eso ha sido objeto de numerosas monografías. Más aún, siguen apareciendo obras inéditas y buena prueba de ello es el cuadro que aquí estudiamos, de proporciones nada comunes -con más de 20 metros cuadrados-, donde se nos ofrece un complejo programa iconográfico, centrado enla popular imagen del Cristo de Burgos.
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