La fiesta antaño aparecía como un paréntesis en el que el discurrir ordinario perdía su ordenación estricta, dado que el rendimiento es la medida indiscutible de las sociedades desarrolladas, actualmente se acotan sus márgenes blandas, prefiriéndose las más ajustadas de los espectáculos festivos, con el fin de controlar mejor el desorden que toda fiesta genera y rentabilizar el evento.
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