Los años diez del siglo xx se vieron agitados en España por un clima de convulsión social generalizada a la que el paradigma del patronazgo católico, Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas, respondió con una paulatina y obstinada radicalización ante la franca expansión del socialismo, replanteando viejas fórmulas para resolver problemas nuevos. Esa actitud contribuyó a liquidar ciertas formas de organización católica obrera desgajadas del control patronal que a mediados de la década se revelaron como eficaces colectivos de defensa de los intereses de los trabajadores, en un clima de desatado enfrentamiento interno entre ideólogos, propagandistas y sindicalistas católicos
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