En lo que respecta a la infancia, ninguna política es neutral. Cabe esperar que los economistas contribuyan en la lucha por la protección de los derechos de los niños y niñas, ya que una actitud negligente en este punto no sólo es negativa, sino que también compromete un desarrollo económico sostenible. Los costes para crear un entorno favorable a los niños y respetuoso con sus derechos son pequeños, y los beneficios humanos y sociales son enormes
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