Pese a las mejoras educativas logradas, España no ocupa una posición destacada en cuanto a dotaciones de capital humano en Europa, ni siquiera frente a nuevos socios de la UE. Los bajos costes salariales de estos países no son compensados por nuestros mayores niveles de productividad, una variable en la que, además, nuestro progreso es muy lento en los últimos años. Una de las causas de ello es que nuestra especialización productiva no es intensiva en conocimiento y está orientada hacia sectores de limitado valor añadido y lento crecimiento. Así pues, no sólo se necesita acumular más capital humano sino aprovecharlo para ir transformando la estructura productiva de la economía.
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