La agresividad es un acto comunicativo, desesperado, de expresión de un estado emocional que reclama ayuda. Con frecuencia, la persona adulta recoge esta demanda y le da respuesta. Si el niño se siente atendido, aumenta su vinculación con lo que le rodea. A medida que el niño crece, la impotencia y la dependencia disminuyen, así como las tendencias agresivas
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