¿Es necesario que en los centros de atención a la infancia trabajen hombres? ¿Qué se está haciendo para que trabajen? Las respuestas que los países de Europa han dado a estas preguntas son muy diversas. La participación masculina afecta a la relación con los niños y niñas, con el equipo, con la pedagogía de género, y a la relación con las familias y el mercado de trabajo. Sin embargo, todo ello prácticamente ni se produce, pero no porque en este ámbito trabajen demasiadas mujeres, sino porque son muy pocos los hombres que lo hacen. Para incrementar el número de estos últimos se han planteado diversas acciones
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