En la iglesia de Villanueva de la Jara (Cuenca), comenzada a construir durante el siglo XV con elementos góticos y proseguida durante el siglo XVI con pilastras clasicistas, aunque manteniendo la misma estructura y las bóvedas de crucería, destaca su grnadioso retablo barroco que ocupa toda la anchura y altura de la CApilla Mayor.
Fue construido a finales del siglo XVII, concretamente entre los años 1693 y 1697, por el escultor y ensamblador de retablos Francisco Motllor y otros artífices.
El retablo presenta una movida planta que se adpta a la forma poligonal ede la cabecera. Consta de un elevado banco; un cuerpo principal definido por cuatro gigantescas columnas salomónicas, recubiertas de abundate hojarasca, uvas, sarmientos y zarcillos que se enroscan y trepan por sus fustes, entre los que aparecen entrelazados numerosos niños; y un ático que adoptala forma de cascarón, una bóveda de cuarto de esfera dividida en varios compartimentos plenos de ornamentación vegetal. En él se logra que el efecto producido por su espléndida talla se sume el brillo de su magnífico dorado.
Este retablo participa de las características arquitectónicas y ornamentales imperantes en el Madrid de la segunda mitad del siglo XVII, que posteriormente se extendieron por toda la Península siendo conocidos como "churriguerescos".
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