Con un comentario analítico se ha acercado el autor a un texto muy importante de Margarita de Austria en el que expresa una extraordinaria experiencia mística y espiritual como conclusión de unos ejercicios espirituales. Se trata de realizar, con la ayuda de Dios, una fuerte y radical purificación del alma dejándose como cera en las manos del Señor. En esta acción divina se encuentra la auténtica y personal identidad. En la caridad la persona se hace digna de recibir como una marca nueva impresa por las manos de Dios, la cual nos prepara para la misma experiencia que hizo el anciano Simeón cuando al tener entre sus manos a Jesús agradeció al Señor el haber recibido la salvación del mundo.
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