¿Es posible conseguir que la calidad forme realmente parte de la cultura de una organización?¿Es rentable invertir en programas formativos?¿Cómo se puede lograr que las personas vinculen lo aprendido en las sesiones de formación con su trabajo diario? En este artículo se presenta el caso de una empresa norteamericana que ha sabido enfocar la formación de sus empleados a las necesidades reales de la organización, lo que les ha llevado al éxito. Como ejemplo, se expone el despliegue de una de las sesiones de formación, relativa esa asignatura pendiente para la mayoría de las empresas: cómo fomentar la creatividad de los empleados.
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