Cuatro estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense se integran unos días en la comunidad educativa del centro Loyola de Madrid para ayudar a prevenir la violencia entre el alumnado tras el 11-M. Dos objetivos básicos guían todo el proceso: hacer aflorar el dolor y otros sentimientos nacidos a raíz de los atentados y conseguir que la violencia sea contemplada como algo rechazable que no conduce a solución alguna.
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