El documento analiza cómo la Economía Popular y Solidaria (EPS) puede ser una vía para alcanzar el Sumak Kawsay o Buen Vivir en el Ecuador. Se parte de una crítica al modelo económico tradicional centrado en el endeudamiento externo y la explotación petrolera, que ha incrementado la desigualdad y no ha mejorado el PIB. La EPS, reconocida en la Constitución de 2008, se presenta como alternativa al priorizar al ser humano sobre el capital, fomentando la solidaridad, cooperación y reciprocidad. Este modelo promueve el trabajo digno, el acceso al crédito para poblaciones excluidas y la producción sostenible. En la Zona 3 del Ecuador, “las cooperativas mantienen presencia a nivel nacional; por tanto, su impacto afecta a gran parte de la población” (Pereira, 2017, p. 7); especialmente se evidencia un impacto positivo en comunidades indígenas y rurales. La EPS fortalece la equidad de género, la interculturalidad y la participación democrática. Además, vincula sus prácticas a la protección del medioambiente y al respeto de saberes ancestrales. Promueve la gestión equitativa del poder público y la distribución justa de los excedentes. Su carácter no lucrativo y participativo genera cohesión social y mejora la calidad de vida. La investigación concluye que, con políticas públicas adecuadas, la EPS es un modelo viable, justo y sostenible. Así, se posiciona como un pilar fundamental para alcanzar el Sumak Kawsa.
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