Se han cumplido cien años de la muerte de Antonio Maura, dirigente del Partido Conservador y presidente del Consejo de Ministros en cinco ocasiones durante el reinado de Alfonso XIII.
Maura quiso reformar el sistema de la Restauración, formalmente liberal aunque desvirtuado por el vicio estructural del caciquismo, haciendo suyos los principios políticos de la Ilustración aunque moderados por una cosmovisión católica.
También quiso reformar los principios del liberalismo económico con un capitalismo popular, que mitigase injusticias y abusos desde la acción del Estado con las primeras instituciones de previsión.
Su patriotismo quiso ser sincero. Pactó con Cambó y su nacionalismo moderado con la intención de integrar en la vida nacional a los regionalismos que no fuesen separatistas.
Pero en sus postulados anidaba la contradicción, en la medida que su credo político concedía derechos políticos y de gobierno a los partidos hostiles a la unidad nacional.
Aunque sus intenciones fuesen honorables, Maura intentó sin éxito conciliar los principios políticos heredados de la Revolución Francesa con sus imperativos de conciencia y el magisterio básico de la Tradición española, en un maridaje imposible que acabó arrumbando lo permanente en favor de una legalidad arbitraria y convencional.
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