La incorporación de modelos de lenguaje a la práctica clínica avanza con rapidez. Su utilidad potencial para resumir historias clínicas, redactar informes de alta o generar borradores de notas evolutivas es evidente: reducen carga administrativa, aceleran la revisión documental y permiten reorganizar parte del trabajo clínico. Sin embargo, ese mismo potencial ha situado en primer plano un problema esencial para la informática médica: la fiabilidad factual del texto generado. En medicina, una frase incorrecta en un documento clínico no es solo un error de estilo; puede convertirse en una decisión errónea, en una codificación inadecuada o en una información falsa que se perpetúa dentro de la historia clínica electrónica.
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