Los modelos predictivos de inteligencia artificial aplicados al ámbito judicial dependen de la calidad de los datos con que se entrenan. Este trabajo documenta empíricamente un sesgo de omisión: la prueba de detective privado, pese a su presencia constante y elevada eficacia, resulta estadísticamente invisible para dichos modelos. A partir de un corpus de 1.936 resoluciones (2020-2024) depuradas manualmente, el estudio demuestra que esa prueba alcanza una eficacia del 68,2% a favor de quien la aporta; que en torno al 54% de las resoluciones que la mencionan carece de valoración judicial explícita y etiquetable; y que esa falta de estandarización en la redacción judicial —y no un defecto algorítmico— es la raíz del sesgo. Se documentan además tres procesos estructurales del sector y una trayectoria de volumen en tres fases.
Predictive artificial intelligence models applied to the judicial domain depend on the quality and completeness of their training data. This paper empirically identifies and documents a systematic omission bias: evidence produced by private detectives, despite its constant presence and high evidentiary effectiveness in Spanish courts, remains statistically invisible to such models. Drawing on a corpus of 1,936 judicial decisions (full years 2020-2024) refined through individual manual review, the study shows that private-detective evidence is assessed in favour of the producing party in 68.2% of classifiable cases; that roughly 55% of the decisions mentioning it contain no explicit, labellable judicial assessment; and that this lack of terminological and evaluative standardisation in judicial drafting —rather than any algorithmic flaw— is the root of the bias. The study reframes the algorithmic-bias debate by shifting the focus upstream, to the data-generation stage: judicial writing itself.
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