Introducción: El comportamiento sedentario laboral es frecuente entre los trabajadores de la salud y se asocia con deterioro funcional y peor percepción de salud. Las pausas activas podrían constituir una estrategia factible para promover actividad física durante la jornada laboral.
Objetivo: Evaluar la factibilidad y describir los cambios en la capacidad funcional y la calidad de vida relacionada con la salud asociados a la implementación de un programa estructurado de pausas activas en trabajadores de la salud.
Métodos: Estudio piloto cuasi-experimental pre–post realizado en trabajadores de la salud participantes de un programa de pausas activas de ocho semanas implementado durante la jornada laboral. La capacidad funcional se evaluó mediante la prueba de levantarse de la silla en 30 segundos y la calidad de vida relacionada con la salud mediante el cuestionario SF-12. Los cambios pre–post se analizaron con pruebas pareadas. Se calcularon intervalos de confianza del 95% y tamaños del efecto (d de Cohen).
Resultados: Se incluyeron 30 participantes y 27 completaron la evaluación final (85,2% mujeres; edad media 42,8 ± 7,5 años). Tras la intervención, se observó un incremento en la prueba de levantarse de la silla (18,6 ± 5,4 vs. 23,4 ± 6,1 repeticiones; cambio medio +4,7; cambio medio +4,7; IC95%: 2,93 a 6,56; d de Cohen = 1,03; p < 0,001). También se registraron aumentos en el componente físico y mental del SF-12. No se observaron cambios significativos en parámetros metabólicos.
Conclusiones: En este estudio piloto, un programa de pausas activas implementado en un entorno hospitalario real se asoció con mejoras en la capacidad funcional y en la calidad de vida relacionada con la salud. Los resultados sugieren que este tipo de intervención es factible y justifican estudios controlados de mayor escala
Background: Occupational sedentary behavior is common among healthcare workers and is associated with func- tional decline and poorer health perception. Workplace active breaks may represent a feasible strategy to promote physical activity during working hours.
Objective: To evaluate the feasibility and describe the changes in functional capacity and health-related quality of life associated with the implementation of a structured workplace active break program in healthcare workers.
Methods: A pilot quasi-experimental pre–post study was conducted among healthcare workers participating in an eight-week workplace active break program implemented during working hours. Functional capacity was assessed using the 30-second chair stand test, and health-related quality of life was evaluated using the SF-12 questionnaire.
Pre–post changes were analyzed using paired statistical tests. 95% confidence intervals and effect sizes (Cohen’s d) were calculated.
Results: Thirty participants were included, and 27 completed the final evaluation (85.2% women; mean age 42.8 ± 7.5 years). After the intervention, an increase was observed in the 30-second chair stand test (18.6 ± 5.4 vs. 23.4 ± 6.1 repetitions; mean change +4.7; 95%CI: 2.93 to 6.56; Cohen’s d = 1.03; p < 0.001). Improvements were also observed in the physical and mental components of the SF-12. No significant changes were found in metabolic parameters.
Conclusions: In this pilot study, a workplace active break program implemented in a real hospital setting was asso- ciated with improvements in functional capacity and health-related quality of life. These findings suggest that this type of intervention is feasible and justify larger controlled studies
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