Durante años, los supervisores europeos sometieron a los bancos a pruebas que reproducían algunas de las peores pesadillas económicas imaginables: profundas recesiones, desplomes del mercado inmobiliario, crisis de deuda soberana, aumentos bruscos del desempleo… El objetivo era comprobar si las entidades podrían seguir en pie cuando la economía se tambalease. Pero el mundo ha cambiado y con él también lo han hecho los riesgos que amenazan la estabilidad financiera.
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